sí, tengo miedo de perder, la cabeza otra vez, si por ti ya la perdí..
Tú, que me haces esconder, mis latidos bajo piel, no te quiero molestar.. pero yo, me he empezado a encabronar, siento que no tengo nada y reviento por qué sé, que tequiero a pesar, que tú si puedas estar sin mí. Te mentiría si digo que, en todo el día, no pienso en tí, porque muero al pensar, que has escondido tu corazón, vuelvo a mentirte diciendo qué, nunca sería tu trobador..
Sereendipity
lunes 11 de octubre de 2010
domingo 10 de octubre de 2010
Fuego y Hielo.
Era extraño que estuviera cada vez más enganchada a él y no menos incluso a sabiendas de que todo estaba a punto de acabar. Intenté mirarlo con cierta distancia a fin de mitigar su poder de atracción. Supe que no era cosa de mi imaginación, que mi necesidad de él era más fuerte que nunca. Y eso.., ¿a santo de qué?Puse los ojos en blanco, pero le devolví la sonrisa, y cuando le miré a los ojos, ví en ellos todo lo que había estado buscando..
Tenía unos ojos castaños, del color del chocolate con leche. Me inundó una oleada de calor, mas intenso que incluso el de antes, pero era una nueva clase de fuego, uno que no quemaba. Todo se vino al traste en mi interior cuando contemple aquel rostro. Ví cortadas de un único y veloz tajo todas las cuerdas que me ataban a mi existencia, y con la misma facilidad que si fueran los cordeles de un manojo de globos. Todo lo que me había hecho ser como era- mi amor por mis padres, el amor hacia mi hermano, el odio hacia mis enemigos, mi casa, mi vida, mi cuerpo, desconectado en ese instante de mi mismo-, clac, clac, clac..
se cortó y salió volando hacía el espacio. Pero yo ya no flotaba a la deriva. Un nuevo cordel me ataba a mi posición Y no uno, sino un millón, y no eran cordeles, sino cables de acero. Sí, un millón de cables de acero me fijaban al mismisimo centro del universo. Y podía ver perfectamente cómo el mundo entero giraba entorno a ese punto. Hasta el momento, nunca jamás había visto la simetría del cosmos, pero ahora, parecía evidente. La gravedad de la Tierra ya no me ataba al suelo que pisaba. Lo que ahora hacía que tuviera los pies en el suelo, era él.
(Un sonido nuevo llegó, el único capaz de llegarme al alma en ese momento interminable. Un golpeteo frenético, un latido alocado.. Un corazón en proceso de cambio.)
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